TEMATICA
No. 4
|
|
OBJETIVOS
|
Identificar los elementos implícitos
sobre los propósitos de un texto narrativo.
|
DESARROLLO
|
Ingrese al blog Damazín héroes de la comunicación:
Los estudiantes deben ingresar a la
actividad llamada: Amor a la camiseta.
Allí deberá desarrollar la actividad
propuesta para la temática.
Leer detenidamente el texto Según el texto seleccionar la respuesta correcta a las preguntas. Desarrollar la sopa de letras. COMPETENCIA ESCRITORA tarea cada estudiante debe hacer un escrito sobre su rol como jugador de fútbol y sus aportes a este deporte, además de investigar sobre su mejor jugador de la selección Colombia |
Por amor a la camiseta
Trata de otro chico a quien lo que más le gustaba en la vida era jugar al fútbol. Pasaba el tiempo jugando a la pelota en la calle, en su casa, con los amigos o solo. Se entrenaba permanentemente gambeteando árboles, postes de luz y de teléfono, transeúntes, o pateando contra la pared; se entrenaba igualmente frente al espejo imitando la pose y la actitud de los grandes jugadores.Era hincha del Club Defensores del Barrio.
Un día el Director Técnico del Club Exeter Juniors lo vio jugar en la plaza y lo llamó:
—Pibe —le dijo—, te espero mañana a las ocho en la cancha de Exeter. Tenés pasta de campeón y ando buscando un 10 como vos.
Se lo contó a los padres.
—Andá —le dijo la mamá—, pero no me descuidés el colegio por ese maldito fútbol.
—Andá —le dijo el papá—, pero no me firmés ningún contrato sin consultarme antes.
—No voy a ir nada —dijo el chico.
—¿CÓMO QUE NO VAS A IR NADA? —dijeron la mamá y el papá.
—Yo soy hincha de Defensores del Barrio. No quiero jugar para el Exeter.
La mamá y el papá se miraron atónitos.
—¿Qué te pasa? —dijo el papá—, ¿no querés progresar?
—¿No sabés lo bien que pagan en ese club? —dijo la mamá.
—Yo soy hincha de Defensores del Barrio —dijo el chico.
—Y bueno —dijeron la mamá y el papá—; él es hincha de Defensores del Barrio. Que no vaya.
Al día siguiente, a las nueve de la mañana, apareció en la casa del chico el Director Técnico del Exeter Juniors.
—Decime, nene —le gritó el Director Técnico—, ¿qué clase de profesional sos? Te dije a las ocho y todavía estás en tu casa. Tenés que cumplir si querés llegar a campeón. ¿Nunca viste esas películas norteamericanas donde los deportistas hacen una cantidad de sacrificios enormes hasta que finalmente triunfan y reciben toneladas de copas, dólares y medallas y se construyen palacios con parques, piscinas y sirvientes y se compran un auto cada seis meses? Vení… vamos para el club.
—Él es hincha de Defensores del Barrio —le dijeron la mamá y el papá.
—Cuando conozca a sus compañeros —contestó el Director Técnico—, cuando vea las instalaciones del club, cuando vea nuestra camiseta, y cuando vea lo que les pagamos a los jugadores si terminan primeros, se va a hacer hincha del Exeter.
—¿Por qué no vas? A lo mejor te gusta… —propuso el papá, quien desde hacía meses andaba en busca de trabajo sin encontrarlo.
Y el chico, por hacerle caso al papá, fue.
—Esta camiseta es un asco —pensó el chico cuando, ya en el vestuario, vio la del Exeter Juniors.
Pero igual se la puso.
A las nueve y media de la mañana de ese día hizo, así, su primera prueba dirigida por un Director Técnico. Se jugó un picado entre titulares y suplentes. El chico jugó de 10, entre los titulares.
—Es un desastre —pensó el Director Técnico mientras lo miraba jugar—; con este pibe me equivoqué.
Efectivamente el chico, como se dice cuando se habla de fútbol, no agarró una.
—Pibe —le dijo el Director Técnico—, mejor andá a probarte en Defensores del Barrio… Aquí no tenés nada que hacer.
—¡Qué suerte! —gritó el chico.
Cuando llegó a la casa contó todo a la mamá y al papá.
—¡No me tomaron! —dijo muy contento.
La mamá y el papá no contestaron nada, pero quedaron preocupados. Igual le dieron un beso y le sirvieron café con leche y facturas, ya que por haber ido al Exeter no había tenido tiempo para desayunar. Después el chico, de tan alegre que estaba, hasta se puso a estudiar la lección para el colegio y ese día se sacó un diez.
La mamá y el papá prefirieron contar el caso de este hijo y pedir consejo. Hablaron con la Directora de la escuela, con la maestra, con la psicopedagoga, con el pediatra, con el pastor y con un periodista radial que daba consejos a los oyentes que lo llamaban por teléfono. Todos les contestaron más o menos lo mismo: “Dejen que decida él. Pero mejor consulten a un especialista”.
—¿Y si le hiciera caso al Director Técnico del Exeter y pidiera que me prueben en Defensores del Barrio? ─Se preguntó, a su vez, el chico.
Y allá fue.
En la sede del club pidió hablar con el Director Técnico. Lo hicieron esperar entre dos y cinco horas. Sentado, eso sí. Lo atendió el ayudante del Director Técnico, porque éste estaba en una reunión.
—Yo —dijo el chico— quiero probarme en Defensores del Barrio porque soy muy bueno para la gambeta, los cabezazos, el pique, el toque y el quite, y quiero jugar en este club.
—Desgraciadamente —le dijo el ayudante del Director Técnico— nuestro equipo ya está formado. Además tenemos unos jugadores extraordinarios; te cuento: el hijo del presidente del club, por ejemplo, es un 9 que no hay quien lo reemplace; el 10, sobrino del entrenador, es otro que la mueve que es una barbaridad; el arquero, poniendo por caso, que es nada menos que el hijo de los patrones en donde la esposa de nuestro masajista hace la limpieza, es de seleccionado. Y así todos; estamos completos.
—¿Y si me pusieran aunque más no fuera en el banco?
El ayudante del Director Técnico miró para otro lado.
—¿Y si jugara gratis?
—¿Por qué no te probás en el Exeter Juniors, pibe? —le preguntó el ayudante del Director Técnico antes de darle la mano y retirarse.
—¡Porque soy hincha de Defensores del Barrio!
Esta vez el chico no volvió tan contento a su casa. Sin embargo, igual fue al colegio, dio la lección, sacó un ocho, jugó un picado en el recreo y finalmente volvió al hogar. Contó todo al papá y a la mamá.
—¿Será posible —dijo el papá— que en este país siempre tenga que pasar lo mismo? ¡Sarta de acomodados!
—No digás eso —dijo la mamá—; no lo desanimemos.
Y enseguida le dijeron, la mamá y el papá:
—Vos seguí jugando y entrenándote con tus amigos; no aflojés; el que busca encuentra.
Pasó el tiempo.
Un día –siempre hay un día– el chico estaba jugando en la plaza y se cruzó otra vez con el Director Técnico del Exeter.
—Pibe —le dijo el Director Técnico—, te estaba buscando porque voy a darte una nueva oportunidad: mañana, a las ocho en punto, te espero en el club.
—Ya le dije que no quiero jugar en el Exeter Juniors —respondió el chico.
—¿No sabés que ahora estoy en Defensores del Barrio? Hubo elecciones y los nuevos directivos me contrataron a mí… ¡Este año quieren salir campeones!
A las seis de la mañana del día siguiente ya estaba el chico a las puertas del club. Tuvo, por lo tanto, que aguardar hasta las ocho. Pero no esperó sentado, sino pateando una pelotita de goma contra una pared. A las ocho y cinco ya tenía puesta la camiseta de Defensores del Barrio. El Director Técnico casi ni lo probó: estaba seguro de que esa vez iba a jugar muy bien.
—Vas de titular —le dijo—; el domingo tenemos el primer partido.
****
Y ahora viene una explicación: esta historia que, como es evidente, tiene un final feliz, le sucedió a un famoso futbolista que todavía sigue jugando y metiendo goles. No voy a decir de quién se trata porque no lo consulté y no sé si le gusta que lo descubra.
Horacio Clemente
Por amor a la camiseta Amor a la camiseta 2
Wow que gran historia y que enseñanza tan linda, me entretuvo y dejó una enseñanza muy especial
ResponderEliminarme gusto mucho la historia.
ResponderEliminar